Lagunas, saladas, ojos o manantiales, galachos, ibones, balsas, turberas… son los Humedales de Aragón

Cada 2 de febrero, el Día Internacional de los Humedales nos trae a primera página los valores de estos ambientes y la importancia de mantener sus funciones y servicios ecológicos que prestan, frente al retroceso y las innumerables amenazas que los acechan.

Los humedales o zonas húmedas de aguas someras están constituidos por marismas, lagunas  de poca profundidad y áreas encharcadas permanente o temporalmente. Su valor ecológico es transcendental pues intervienen en la regulación del ciclo hidrológico, son auténticas reservas de biodiversidad, nos proveen a las personas de innumerables recursos animales y vegetales y, cada vez más se aprecia su valor escénico.

La laguna de Gallocanta es actualmente un espacio singular de importancia mundial. Por las grullas que recalan en su migración, por las aves limícolas y paseriformes que descansan en los carrizales y por ser un sensor climático excepcional como han demostrado los científicos. Hoy nadie concibe un plan de desecación y transformación en campos de patatas como se pretendió hacer a finales de los años setenta.

Laguna de Gallocanta

Laguna de Gallocanta (Zaragoza)

Pues bien, en 2017 hay todavía humedales aragoneses amenazados por planes de regadío, por explotaciones agrícolas insostenibles y por sobreexplotación de los acuíferos o drenajes  fatídicos. Las lagunas saladas de Monegros, la laguna Salada de Mediana, la laguna del Cañizar, son algunos ejemplos notables. Pero también sucumben carrizales y charcas de menor renombre dispersas por la región, ante el avance de polígonos industriales, ampliación de carreteras o reiteradas quemas intencionadas.

La conservación de los humedales exige todavía, hoy, el esfuerzo permanente de aquellos que reconocemos su valor.

 

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Texto e imágenes: Barracuda